Respirando a través del duelo: cómo la pérdida me enseñó a vivir de nuevo
Aviso de contenido: duelo, pérdida, cáncer, intensidad emocional
La vida antes de la pérdida
Mi vida estaba llena de color, calor y amor, hasta que cambió en un abrir y cerrar de ojos.
Era estable y vibrante, cálida, acogedora.
Tenía a mi mamá, así que sabía que era amada.
Todo cambió en mayo de 2021.
Después de la pandemia, mi mamá fue a revisar un lunar. Se lo quitaron, lo analizaron y luego tuvieron que quitar más. Era grave.
Melanoma.
Cada vez que escuchaba las noticias, algo pasaba en mi cuerpo.
Se siente como un vacío en el estómago, como si el suelo se abriera un poco bajo tus pies.
Aguantaba la respiración con tanta fuerza cada vez, como si, si no respirara, entonces esto no era real.
Las cosas avanzaron rápido.
El cáncer se extendió por todo su cuerpo y ella murió. En solo tres meses, dejo su cuerpo.
Cuando pasó, estaba en shock. No podía creerlo.
Al mismo tiempo, algo extraño sucedió. Sentía todo con más intensidad, era un momento de contrastes.
Colores más vibrantes ✦ → pero la comida perdió su sabor ○
Podía sentir una alegría inmensa ✧ → y una tristeza inmensa al mismo tiempo
Un dolor tan grande que parecía interminable ⋆ → pero también podía sentir su amor ♡
Estaba en shock.
Estaba respirando, moviéndome, existiendo, pero todo parecía acelerado, intenso, fuera de control.
No estaba viviendo realmente; estaba corriendo por la vida, tratando de superar el duelo y mantenerme en movimiento.
La piñata: año 2–3 del duelo
Alrededor de los años dos y tres de mi duelo, me sentía completamente desorientada. No sabía dónde pararme ni a qué aferrarme. Mi cuerpo ya no se sentía seguro.
Me gusta pensar en ese tiempo como si yo fuera una piñata 🪅.
Estaba colgando de un hilo muy delgado, un pequeño mecate, apenas manteniéndome en pie. Abajo, todos los dulces eran pesados, tirando de mí hacia abajo. Me balanceaba de un lado a otro, inestable, tratando de encontrar el suelo, tratando de anclarme.
El duelo era como un océano profundo — agua fría y oscura que se extendía más allá de lo que podía ver. Como abrir una puerta y ver un acantilado, un salto que no estaba lista para dar. Instintivamente, cerré la puerta de golpe para protegerme, pero aún me balanceaba, seguía aferrándome, intentando sobrevivir.
Me aferraba a ese hilo con todo lo que tenía, agarrándome de cualquier cosa que pareciera estabilidad, de cualquier cosa que prometiera que podría salir adelante. Y seguía conteniendo la respiración.
Hasta que un día, el hilo se rompió.
Caí.
Todo se dispersó, como dulces por todo el suelo.
Volviendo a respirar
En algún momento de ese colapso, encontré pranayama y rebirthing. Prácticas de respiración simples me ayudaron a empezar a respirar de nuevo. Lenta y cautelosamente, sentí cómo el aire llegaba a partes de mi cuerpo que habían estado cerradas por tanto tiempo. Mi pecho se aflojó un poco. Mi diafragma se movió. Mi mente empezó a suavizarse. No era una cura, pero era suficiente para recordarme que todavía estaba viva.
Después, comencé el entrenamiento de Respiración Consciente Conectada (CCB). Me ha desafiado de maneras muy profundas porque me pide enfrentar ese miedo, respirar plenamente cuando he estado conteniendo tanto, avanzar cuando el duelo quiere mantenerme congelada.
Ahí fue cuando me di cuenta de lo profundamente que el duelo aún vive en mí. La resistencia es física. Mis caderas se tensan, mi espalda baja duele, mi diafragma se cierra. El duelo es fuerte, pesado, presente en cada músculo. Y también es mental. Mi mente resiste el cambio, resiste avanzar, resiste soltar el dolor que todavía me conecta con mi mamá.
También está el desafío de hacer algo nuevo, ya no solo ser estilista o diseñadora, sino permitirme ser una nueva persona, explorar algo diferente, algo que mi mamá nunca verá. Todavía estoy en entrenamiento, aprendiendo a guiar en breathwork, y entrar en este nuevo capítulo de mi vida se siente aterrador sin ella.
Espero que algún día pueda compartir esta práctica con otros, pero por ahora, estar aquí, aprendiendo, es emocionante y aterrador al mismo tiempo. Ella sabía que amaba todo esto, y me gusta creer que me guió hasta aquí. Ella me conocía mejor de lo que yo me conocía a mí misma.
Avanzando paso a paso
Recientemente, durante mi última sesión 1:1 de CCB con mi mentor Mike, algo cambió.
Por primera vez, pude superar la resistencia que había vivido en mi cuerpo durante años. Antes, la tensión en mi diafragma se sentía como una liga, tirando de mí y manteniéndome abajo. Ese día, finalmente se abrió. Pude tomar respiraciones profundas y completas. Sentí expansión, un sentido de espacio que no había conocido en años. Me sentí liberada.
Sentí esperanza — verdadera esperanza — surgiendo dentro de mí.
En ese momento, también sentí la vergüenza por el dolor que había estado cargando. La permití estar, y lentamente, la dejé ir. No la forcé; la respiré, dejando que la respiración la soltara..
Esa sesión me recordó una vez más: el duelo puede cerrarme, el miedo puede tensarme, la resistencia puede detenerme, pero también me impulsa a encontrar formas de sanar. La respiración me abre, me enseña y me devuelve a la vida. Y estoy aprendiendo que esto solo es posible en el espacio correcto, con las personas correctas, con quienes te hacen sentir seguro, apoyado y contenido.
Abriéndome a la vida de nuevo
Estoy aprendiendo que avanzar no significa dejar el duelo atrás. No significa olvidarla. Significa vivir con su memoria, dejar que me guíe, mientras me permito sentir, respirar y abrirme a la vida de nuevo.
Cada respiración, cada momento de presencia, es una elección — avanzar, sentir profundamente, amar y vivir.
Estoy avanzando, lentamente, paso a paso. Puedo sentir a mi mamá conmigo en estos momentos, apoyándome, animándome, recordándome que la vida todavía está llena de amor y posibilidades.
En ese espacio, puedo finalmente ver que el duelo puede coexistir con la esperanza, la pérdida puede coexistir con el amor, y la vida todavía puede ser hermosa.